miércoles, 4 de enero de 2012

Mi otra familia.

Empezaré por presentarlos, ellos son Ita y Tín. Son dos gatos que viven con nosotros en mi casa. Su historia es corta y poco interesante, corta porque solo tienen dos años, y poco interesante porque siempre han estado en casa salvo alguna ocasión que nos han acompañado en algún viaje. Los encontró un día mi hermano y sus amigos por casualidad, medio escondidos en una obra, con su madre al lado muerta. Ellos, que eran tres hermanos, estaban semienterrados entre los escombros, y los rescataron llevándoselos cada uno a su casa. Era una noche fría de marzo, y mi hermano llegó a casa con Ita metida debajo de su sudadera. Al poco rato, vino a mi casa uno de sus amigos diciendo que su familia no le permitía quedarse con el gato, y que iba a devolverlo a la obra donde se encontraban anteriormente, y hacerle un refugio para pasar la noche. Mi hermano sugirió subir el gatito a mi casa para ver si "colaba" que nos quedásemos a los dos, y mi madre que ya había aceptado a regañadientes a Ita, puso cara de asombro al ver al segundo, pero aceptó pensando que era un cachorrillo muy pequeño, y que hacía frio para estar solo en la calle. Además, le hizo prometer a mi hermano que a la mañana siguiente habría que entregarlo a un centro comercial cercano, donde hay una tienda de animales, y acogen a los abandonados.

Al día siguiente, mi hermano fue a informarse a esta tienda, y volvió diciendo que se había enterado de que a los animales que no conseguían vender los mataban. Se lo dijo a mi madre, ésta lo pensó mejor y decidió que nos quedáramos a la parejita. Esa misma tarde, fuimos al veterinario los tres para que los examinaran, acompañados de media clase de mi hermano que se habían enterado de lo que había ocurrido. Y así, se convirtieron en mis primeros animales de compañía. Al fin tenía un animal en casa ya que había estado intentando convencer a mi madre durante dos años sin conseguirlo.

A partir de entonces, empecé a conocer a otra especie que aporta más de lo que me esperaba: dan un cariño desinteresado, conservan su instinto de cazadores que se puede apreciar a través de los juegos, son muy limpios (más que algunas personas), son respetuosos en la convivencia, muy agradecidos, y se amoldan bien a nuestra forma de vida. En definitiva, te das cuenta de que han evolucionado los mismos años que nosotros, y su forma de vida es diferente, pero en algunos aspectos son superiores ya que por ejemplo, no se divierten con el daño ajeno, no son materialistas, y son más agradecidos, cariñosos y leales que muchas personas.

Aun así, en la sociedad están infravalorados, tratándoles como si fueran inferiores solamente por no tener intelecto, usándolos como objetos a nuestro servicio, y dándolos un trato frívolo, por ejemplo cuando los regalamos en navidad sin plantearnos las consecuencias, y después mucha gente los abandona sin ninguna misericordia, algo que ellos nunca harían con nosotros. También hay otras personas, que defienden sus derechos y luchan por que las leyes cambien, se penalice a los que los maltratan, y piden que se les de un trato digno. Recientemente hubo una manifestación, en la que cada persona llevaba un animal muerto en señal de protesta. En otras ocasiones a habido manifestaciones delante de la plaza de toros para protestar por las corridas de toros, y en algunas regiones como Cataluña se han prohibido este tipo de festejos.

La verdad es que queda mucho por hacer, ya que en muchas fiestas se les utiliza como medio de diversión, pero poco a poco todos nos vamos mentalizando de que no por ser diferentes merecen menos respeto. Uno de los propósitos que tengo, es en un futuro colaborar en este tipo de protestas y asistir a las manifestaciones. Esto se lo debo a Ita y Tin, que ellos me han hecho ver todo lo que valen.




No hay comentarios:

Publicar un comentario